Los Grimaldi, príncipes de cuento




Los Grimaldi, foto oficial 

Alberto II de Mónaco, de la dinastía de los Grimaldi, hijo de Raniero III y de la actriz norteamericana Grace Kelly, es un príncipe del siglo XXI en un minúsculo estado producto de la Edad Media. La existencia de ese principado en la Costa Azul francesa es casi un milagro, un cuento de princesas que ha logrado sobrevivir sobre todo gracias a la eficaz labor diplomática de Raniero Grimaldi, verdadero fundador del actual Mónaco.

Raniero III de Mónaco



No vamos a hacer una historia del principado desde sus orígenes, allá en el siglo XIII ganado por el noble de origen genovés Francisco Grimaldi, que en las guerras entre Gibelinos y Güelfos tomó para estos últimos el castillo de Mónaco con la estratagema, cuentan, de disfrazarse de monje y abrir las puertas de la fortaleza a sus guerreros.

Vamos a centrarnos en el siglo XX, y en cómo un noble arruinado pudo convertir su ciudad estado enclavada en plena República de Francia en un próspero principado, paraíso para las principales fortunas del mundo. El juego en el viejo Casino de Montecarlo era ya desde el siglo XIX la principal actividad económica del segundo país más pequeño del mundo, tras la ciudad del Vaticano. Pero el casino que había construido el príncipe Carlos III a mediados del XIX, aprovechando que en los países vecinos, Francia e Italia, se consideraba ilegal el “juego de azar”, era un negocio en la bancarrota en 1950, cuando Raniero fue coronado.

Ingreso en las Naciones Unidas y en el Consejo de Europa


Entre sus logros políticos más destacados encontramos el ingreso del país-ciudad en la ONU. Considerando que las relaciones exteriores y su defensa debían estar controladas, según acuerdos con Francia, por el presidente de la república francesa, que Raniero obtuviese la acreditación como estado miembro suscitó entre su pueblo tanto cariño y popularidad como consiguió al casarse con la bellísima actriz, Grace Kelly.

La Kelly, musa de Alfred Hitchcock, estaba en los años cincuenta en Montecarlo rodando en una producción de Hollywood. Para la historia del pequeño principado, la “conquista” de este joven príncipe del siglo XX fue, si cabe, más importante que la conquista de la fortaleza en 1299 por Francisco Grimaldi. Conquistar a la actriz de moda en Hollywood, siendo “bajito” y no muy agraciado, es una hazaña tan encomiable como tomar un castillo con apenas doscientos soldados, que era el exiguo ejército del noble antepasado de Raniero. 

El misterio de la muerte y tumba de Alejandro Magno

El llamado sarcófago de Alejandro Magno no fue su tumba

Su legado no es solo Alejandría. Su huella histórica no ha sido crear un imperio desde las montañas del norte de Grecia, pasando por el norte de África, todo el Oriente Medio y hasta los valles a los pies del Himalaya. No, Alejandro Magno es mucho más que un conquistador, es el hacedor de una civilización que, en cierta forma, aún pervive entre nosotros.

Y el dios Alejandro creó el mundo... helenístico

El Hacedor es un término que se aplica al creador, en las religiones a Dios. Alejandro Magno se sospecha que lo fue. Es decir, respetando el rigor histórico, fue inmediatamente divinizado por sus "hijos", los herederos de su obra: el helenismo. Encontrar su tumba debía ser más fácil de lo que ha sido hasta ahora (realmente sólo hay sospechas de su ubicación), sus seguidores, macedonios, griegos, persas, egipcios, enseguida tuvieron donde venerarle en un sepulcro mandado construir por Ptolomeo en Alejandría. El mismo emperador Augusto, tres siglos después lo visitaría cuando Egipto pasó a ser provincia romana.

Aunque es evidente que la tumba templo no fue una construcción de la importancia y magnitud de las pirámides, ya que no tuvo la capacidad de aguantar el tiempo como estas maravillas de la Antigüedad. Ese resulta ser el primer indicio de que su muerte, tras sufrir una misteriosa enfermedad, tuvo grandes incógnitas. Las fiebres que le llevaron al Olimpo de los dioses el 13 de junio del 323 a. C. pudieron ser causadas por un envenenamiento. El caso sigue abierto.

Babilonia, Siwah y Macedonia

Durante meses el cadáver del gran rey permaneció en un ataúd de oro en Babilonia, ciudad a la que había regresado desde su exitosa campaña de conquista de la India por las presiones de sus soldados veteranos macedonios, agotados de tantas batallas. En la ciudad persa pensaba recobrar fuerzas y emprender otras campañas de conquista, esta vez lanzando sus falanges contra Arabia. Sin embargo, el 3 de junio enfermaba con altas fiebres. Diez días después fallecía. Embalsamado y perfumado reposó en el sepulcro de oro mientras sus generales se repartían su imperio.

El propio Alejandro dejó dicho su deseo de ser inhumado en el oasis egipcio de Siwah. Ese deseo sería por una revelación. Según el mismo Alejandro Magno cuando visitó el templo del dios Amón, éste le saludó como hijo. Es decir, el mismo Alejandro dictaminó a los suyos que estaba tocado por los dioses, que su misión de conquista era la creación de un nuevo mundo.

Su última voluntad no parece que se cumpliese con certeza, pues desde el mismo óbito se discutió qué hacer con el ataúd de oro. Los macedonios fieles, los hombres que le acompañaron desde que prosiguió la obra de conquista de su padre, el rey Filipo, querían enterrarle en Macedonia junto al progenitor.

Clara Campoamor y el voto para la mujer


Clara Campoamor, política y abogada española durante la segunda república, consiguió el voto para las mujeres en dura pugna parlamentaria con otra mujer contraria a ello; Victoria Kent se negaba a concederles el voto porque consideraba que la votación femenina estaba condicionada por el fuerte influjo de maridos, padres, novios, hermanos, tutores... en definitiva, por el hombre.

Una mujer un voto

El 1 de octubre de 1931, Clara Campoamor leía su discurso en el congreso de los diputados, en una recién inaugurada II República, quedando aprobada la ley del sufragio universal e incluido en el artículo 36 de la constitución que se estaba elaborando. Lo conseguía tras varios meses de lucha, sin apenas apoyos, y suponiendo su mayor logro político, pero también su propia tumba política. A partir de entonces, tras la derrota electoral de la izquierda en 1933 y la entrada en el gobierno de CEDA, le achacaron la pérdida de votos progresistas por haber permitido votar a la “mujer subyugada por los curas, por sus confesores”.

A Clara no le importó ese vacío político, su lema era “mi ley es la lucha”. Logró hacer ver que la mujer no votaría influida por su condición desigual, que debía votar por su condición de ciudadana. Defenderá el derecho de la mujer a ser consideradas ciudadanos de primera, por encima del sentido de su voto.

Una mujer una carrera

Nació en Madrid, en el barrio de Maravillas, un 12 de febrero de 1888. Su padre fue contable en un periódico y su madre costurera. Padres obreros, él republicano, ella una mujer luchadora, como pronto lo fue la hija, porque quedaron viuda y huérfana en 1908. La hija seguiría las convicciones políticas del padre y tras varios trabajos de subsistencia, que van desde funcionaria en Correos, telefonista o profesora de adultos, logra en 1920 un trabajo de secretaria de dirección en el periódico “Tribuna”, un puesto que le permite conocer mucha gente y empezar a interesarse por la política.

Retoma sus estudios de bachillerato pasados los treinta años, que realiza en tiempo récord. Se matricula en Derecho y también lo acaba en la mitad de tiempo, en 2 cursos es abogada, con 36 años es una de las pocas letradas del país. Desde 1923 interviene y promueve todos los foros sobre feminismo que se dan en la capital española. Su activismo político estará alentado en la lucha por la igualdad.

Es elegida en 1931 diputada dentro de las listas del Partido Radical, que se había declarado como republicano, laico, liberal y demócrata; declaración que coincide con el ideario de Clara Campoamor. Formará parte de los 21 diputados constituyentes de la nueva carta magna de la república del 14 de abril.

En esa comisión va a luchar por sus ideales con pundonor: la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio, establecer la no discriminación por razón de sexo, el divorcio y el sufragio universal, a menudo llamado “voto femenino”. Logró que se incluyera en la Constitución todo, excepto lo concerniente al voto, como ya hemos dicho, que tuvo que debatirse enconadamente en el Parlamento.

Origen del nombre Juan

Fotograma de la película: “Iván el Terrible” de Sergei Eisenstein

Como María lo es para las mujeres, Juan es el nombre por antonomasia para el género masculino en el ámbito cultural latino o de raíces cristianas. Juan es de origen hebreo, como se piensa lo es Maria, aunque en este caso la procedencia etimológica está más clara, al provenir del hebreo Yôhannan, cuya traducción más correcta sería 'El fiel a Dios'. Juan pasó a la cultura grecolatina con una pronunciación similar, Ιωvνης (Ioannis) y a través de la religión cristiana viajaría a la Europa oriental conservando la grafía antigua originando, curiosamente, otro nombre.

El nombre Iván es Juan

Si tiene un amigo que se llame Iván quizás ni él ni usted sabían que su nombre es una derivación rusa, del ámbito cultural ortodoxo, del nombre latino Juan. Al conservarse las letras clásicas del nombre, se acabó pronunciando de otra forma y pareciendo otro nombre cuando se les puede considerar equivalentes. Juan = IVAN se escribiría con la clásica grafía latina; es decir, la I es la j y la V es la u de Juan. De esta manera tendríamos en Rusia y el mundo ortodoxo a Iván por Juan.

Iván el Terrible o Juan IV el monarca del Renacimiento ruso

Según los ojos del observador de la Historia un personaje es terrible o es glorioso. Pasó con Iván el Terrible, zar de Rusia de 1547 a 1584, que en la historia tendrá asociado a su nombre, Iván, el apodo de “Terrible” al haber formado una guardia pretoriana que acabaría convirtiéndose en una casta social, los opríchnik. Estos guardias personales del zar se dedicaron a asesinar boyardos, los terratenientes feudales rusos, para consolidar el poder central del monarca, entorno a la capital rusa, Moscú.

De ahí le viene el sobrenombre, pues estos opríchnick acabaron siendo sus terribles verdugos para combatir al poder de los nobles y consolidar la monarquía. Para otros ojos, Iván IV es Iuan IV, uno de los monarcas más importantes de la Edad Moderna en Rusia para consolidar y crear el embrión del futuro Estado ruso.

Origen del nombre María

La Virgen María, en la escena cristiana más popular
María a solas, María José, María Fernanda, Ana María, María Gema, María Ana, María del Carmen, María Cristina... de esta forma, con nombres compuestos, podríamos seguir durante varios párrafos. El nombre de María es de origen hebreo, María o Miriam (el plural en hebreo), se ha extendido por todo el mundo, sobre todo por los países y regiones culturales con raíces cristianas, ya que María fue el nombre de la mujer hebrea madre de Jesucristo y motivo de veneración entre los católicos.

El Nuevo Testamento

En la Biblia, en el libro del Nuevo Testamento, queda claro el uso de María como nombre muy frecuente entre las mujeres hebreas en la Palestina de la época de dominación romana. María Magdalena y la misma madre de Jesús, María, aparecen como personajes con este nombre. El significado preciso del nombre de "María" no está del todo consensuado entre los investigadores de la onomástica, disciplina auxiliar de la historia y de la filología para establecer los orígenes y la historia de los nombres y apellidos; desde puntos de vista etimológicos e históricos.

Algunos señalan un posible origen en la etimología hebrea: mry Yah; cuya traducción vendría a ser “amada de Yah(ve)”, Miryam-María, en sus derivaciones trasladadas al latín. También hay bastante consenso en una traducción que sería literalmente, “la excelsa”. María vendría, de una forma u otra, a relacionarse con la grandeza divina de la “maternidad” y de la mujer como criatura “suprema y excelsa”.

La Biblia y otros orígenes más “profanos”

La presencia del nombre de María o Miriam (son de la misma etimología) tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento nos indica el uso muy antiguo de esta onomástica para referirse a las mujeres de cierta consideración y edad. Para otros especialistas el origen estaría, simplemente, en el significado de “señora” que podría tener el nombre por una traducción del arameo mra (señora). Los críticos a este origen hablan de que es una propuesta muy posterior hecha por los “padres de la Iglesia”.

El origen más curioso aportado a este debate inconcluso sobre el origen de María sería el que proponen algunos investigadores sobre la derivación de la raíz mrh que tenía como significado "rebelarse" y relacionándolo con las protestas de María contra su hermano Moisés. Curioso, porque otros estudiosos consideran el origen de María como significado de “hermana de Moisés”. Sea esta línea la correcta, podríamos decir desde ahora que vamos a una Maríafestación a rebelarnos. Tiene su ironía, María siempre se asocia a “revelaciones” o a rebelarse.