Día del Libro y la leyenda de San Jorge, Sant Jordi, contada para niños




Imagen vista en un blog de dos profesoras de lengua
                                                                                 A Gloria Fuertes, en su centenario

Había una vez un reino ni muy lejano ni muy cercano, con un rey bondadoso amante de su pueblo. Tenía una hijajoven y bella, como una rosa de primavera. Trabajaban los agricultores abundantes cosechas y los artesanos hermosos objetos que a todos gustaban. La felicidad del reino sería cosa hecha, sino fuese porque de vez en cuando un malvado dragón con su fuego la aldea y la cosecha quemaba. Devoraba todo el ganado, que a su paso encontraba y se divertía hirviendo el agua de los ríos, que sin peces dejaba.

El reino próspero es, con el sacrificio de todos, y por eso el rey pensó que un sacrificio más su pueblo podía hacer. Ordenó celebrar un sorteo mensual, donde seleccionar a un aldeano que el dragón debía devorar. De esta manera, la bestia malvada, calmaría su deseo de destruir a todo el pueblo. Puso reglas al sorteo lo más justas posibles y excepto él, todos podrían ser sacrificados, incluidas su amada esposa y su querida hija. En su orgullo real llegó a pensar que nunca tendría tan mala suerte, pero no pasaron más de tres meses cuando le tocó a la princesa bella ser la sacrificada.

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Desolado y enojado, el rey estuvo a punto de anular su propia ley, aunque su gran sentido de la justicia eso evitó. Quiso ponerse en el lugar de su hija, pero los consejeros reales le recordaron su responsabilidad de gobierno. Solemne, en un discurso comunicó a su pueblo que aceptaba el sacrificio de su hija. Conmovidos y admirados por el honor de su rey, muchos fueron los que se presentaron voluntarios para ir a la guarida del dragón en lugar de la princesa. Sin embargo, el rey cumplió su palabra y su hija tuvo que partir, sola y asustada, camino de una muerte segura.

La princesa no tenía prisa alguna, sabía que el dragón la devoraría enseguida. Iba despacio, deteniéndose a contemplar la belleza del paisaje. A cantar con sus amigos los pájaros, a jugar con las ardillas. Cuando ya quedaba poco para llegar a la cueva del dragón, la princesa contó su triste historia con una dulce canción. Un joven caballero montado en un caballo blanco, que por allí cerca pasaba marchando a una guerra lejana, quedó enamorado de esa voz que tan triste cuento cantaba. 

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De entre unos arbustos salió y a la princesa asustó; “no temáis hermosa dama, que el destino ha traído a vuestro salvador”. Bajó del caballo y una cinta del pelo de la princesa tomó. “Jorge es mi nombre, esperad aquí a que esta prenda os devuelva”. El caballero partió por el camino oscuro que a la guarida del gigante reptil conducía. El dragón ajeno dormía, pero despertó al olor del valiente caballero. La batalla comenzó y de una galopada veloz el caballero hasta el corazón del dragón llegó. Sin dudar, su lanza clavó y el malvado dragón allí muerto quedó. Mucha sangre brotó de la herida mortal, que en el suelo en rosal se convirtió. Rosas rojas florecieron sin cesar, que el caballero cortó y a la princesa regaló.
 
Era un 23 de abril de un año ni muy lejano ni muy cercano, desde entonces es San Jorge o Sant Jordi en catalán y a tu amada una rosa debes regalar, recordando que del dragón nos debemos librar. Librar con un libro, leyendo también se ganan batallas. Esta leyenda de San Jorge coincide con el Día del Libro; por eso, un libro una rosa. ¡Feliz San Jorge! ¡Feliz Día del Libro!






Gustavo A. Ordoño ©